Saturday Night Fever: La gran mentira que se “volvió verdad”

Qué curioso que la historia de una película, su trama que supuestamente se basaba en unas supuestas “reales costumbres” de la noche en Brooklyn, en la noche newyorquina,

sobre las costumbres de italoamericanos fanáticos de la creciente –entonces- música disco en la Gran Manzana, toda esta trama que está basada en una gran mentira, al final se tornó en “verdad”, desde un artículo que salió de la pluma de un escritor de poca monta, alguien le vio potencial fílmico, y todo acabo, como acabo, en la gran Fiebre del Sabado Noche, todos querían ser un elegante “Travolta” en cuanto sonaban los compases del "Stayin' Alive" (Sobreviviendo) de los Bee Gees.

La revista Rolling Stone la incluyó en su lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos en el puesto 189º junto a "How Deep Is Your Love", primer sencillo de la película y también de los hermanos Bee Gees. Nacieron conceptos de “adueñarse de la pista”, o “romper la pista”, ser el centro de la misma porque estabas bailando que “te salias”, 40 años de una gran falacia que acabo convirtiéndose en “verdad”.


Y que en estos días se cumplen ya 40 años del exitosísimo film musical, “Saturday nigh fever”, un himno, la peli que se dedicaba y homenajeaba a la música disco tan de moda hace 40 años, esta semana con ello celebran en Los Ángeles un homenaje estelar a los Bee Gees, como complemento a los actos de los premios Grammy, y asi entrar de lleno en toda esa “salsa musical”. Y no es para menos: la banda sonora de la película se convirtió en uno de los mayores hits comerciales en los anales de la industria discográfica; supuso la cumbre de aquellos años de abundancia que trajo la disco music, e incluso el “daño colateral” de que en Italia, años después surgiera el fenómeno del “Italo Disco”.


Realmente existia ese “estereotipo”?

Pero es que otro tema seria el otorgarles a este film “Fiebre del sábado noche” la categoría de que fuera documento antropológico, o si? Así se esta ha escuchado en estos días. Vamos a ver, ya está bien la cosa! Que se sepa: todo en origen, fue una gran mentira. Todo era una grandísima “TROLA” así solapada como reportaje. Y es que resulta que protagonistas, italoamericanos de Brooklyn fascinados por la música afroamericana, realmente nunca existieron así como se les describían. Es más, todo realmente eran unas simples trasposiciones de jovencitos mods londinenses que el autor del artículo “original” había conocido en la pasada década de los 60s.


El número de 'New York' que publicó en 1976 el texto de Nik Cohn.

Quien fue el que invento el concepto del “Travolta”?

El que genero todo este concepto, toda esta "moda", era un “alias” Nik Cohn. Un periodista británico noirlandés de origen, pero nacido en Londres, muy prolífico en historias alrededor del pop y el rock: en el 69 describia una de las primeras historias del pop, en un libro que lo titulo de manera atrevida “Awopbopaloobop alopbamboom”, en honor a uno de los grandes del rock todavía vivo el gran Little Richard(valga la “rebuznancia” por lo de “Little”). Un libro tan fascinante como cerril, que le sumo bastante reputación como escritor y periodista musical a Nik. Y con ello se atrevio a dar consejos al mismismo Pete Townsed, guitarra de los Who con la obra de "Tommy", un ciego que era un habilidoso jugador de pinball. Aunque –hay que decirlo- rigurosamente hablando, Nik realmente no pertenecía a la tribu de esos escritores reputados musicales; aunque aspiraba a las libertades de los espadachines del llamado –de entonces- “El Nuevo Periodismo”, que se podían darse la pomposa labor de dedicarle meses a la elaboración de un reportaje.

Así que a mediados de los setenta, Cohn se nos instaló en Manhattan, ejerciendo de colaborador para la revista New York. Como experimentado periodista y escritor, era un sabueso de olfato fino, muy embaucador, con ello convenció al director la magacine, Clay Felker, para que le dejara investigar, escribir sobre el creciente fenómeno de la disco music, unos ritmos mayormente anónimos que habían tomado por asalto las pistas de baile mas “underground” de los locales nocturnos de la Gran Manzana”, creía que ese fenómeno acabaría triunfando, como otros tantos movimientos que han ido surgiendo en la gran ciudad. Así que –dicho y hecho- Cohn se nos acercó una noche a la discoteca 2001 Odyssey, en Brooklyn, en donde se decía estaba el “meollo musical” de la floreciente “disco music”. Pero miren por donde se topó con una trifulca en la acera y esto lo amedrento, ni siquiera llego a entrar al tugurio.

Ya muchos años después, Nick revelaría que se sentía como pez fuera del agua y que su fuerte nunca fue el acercarse a hurgar en las vidas de desconocidos. Así que –en el roll de escritor- todo esto se lo imagino todo: Personajes, las situaciones, esas febriles noches de Sábado, sus anhelos- todo, a partir de los recuerdos de su etapa como mod londinense. Y siguiendo con la “Trola” se insertó en la narración como “el hombre del traje”, una especie de Jekyll y Mr Hide o cenicienta, de un tipo que tenía dos vidas sumamente antagónicas, quizás sea este el fiel reflejo de las vidas de muchos, trabajadores asalariados durante el dia, en sus puestos más humildes, que sueñan con ser “grandes” en la noche, en la pista de baile, es una trama atractiva, con “gancho” para cualquiera. Así Nik, dice que volvió al barrio de día, para buscar detalles ambientales. Al final logro entrar al 2001 Odyssey –ya no habían peleas que se lo impidieran- en compañía del ilustrador James McMullan: el director de arte de New York, el gran Milton Glaser, no se conformaba con usar fotos.

Hoy en día, ese reportaje, ni hubiera pasado el mínimo filtro de los fact checkers pero estamos hablando de los tiempos de dura competencia periodística y narrativa entre el venerable The New Yorker y el aspirante New York. Fue cuando el reportaje de Nik se editó en junio del ‘76, titulado “Tribal rites of the new saturday night”. Una combinación vertida en una coctelera creativa de la fantasía de Cohn y la percepción psicológica de McMullan todo se logró exorcizar en una imagen vívida de lo que “se plasmaba” en las discotecas proletarias. Fuera verdad poética o una gran mentira podrida, el articulo dejo fascinado al productor Robert Stigwood que vio un altísimo potencial fílmico, y así compró inmediatamente los derechos del reportaje. Robert hombre del negocio musical, sabía que la disco music era un naciente fenómeno social. Stigwood funcionaba además como representante de los Bee Gees, todo se iba engranando, los hermanos se estaban además en una “reconversión musical” del pop barroco a una variedad accesible, comercial del funk.

Se creo una "fiebre" desde algo inexistente

Ya todo lo demás, podemos atribuirlo a ese fantasma que llamamos “magia del cine”. Un fenómeno que tal vez lo achacaríamos a lo “goebbeliano”, una mentira dicha mil veces, que al final resulto con todo esta suma de historias, y protagonistas”, comenzando por la fina pluma de Norman Wexler, gran conocedor de tramas urbanos, que aderezó el cuento, la historia, con los típicos y atractivos conflictos familiares, tan cercanos a cualquiera, con el suspense de agresiones sexuales, y el más que atractivo, un objetivo, un anhelo a algo grande, -como no- un gran concurso de baile, añádanle lo típico, un suicidio y la redención final. Todo esto pasado, -obviamente- a la poderosa maquinaria de Hollywood, que le añadió a un gran coreógrafo, cambió nombres a algo más atractivo, seleccionó localizaciones y le puso carne italoamericana en los espejismos de Cohn. Todo además, pasado por el ojo de un dinámico director casi novato, John Badham.
Y es que esta ese dicho el que “no hay obra buena sin castigo ni pecado sin recompensa”. El escritor que se inventó toda esta gran trola, salida de su pluma Nik Cohn, se forro con los derechos de su falso o manipulado reportaje, el dinero le hizo echarse a perder, con sus excesos. En  el ‘83, salió de nuevo en los periódicos, pero no precisamente por su “fina pluma”, fue atrapado formando parte de un supuesto grupo de aspirantes a narcos que pretendían importar grandes cantidades de estupefacientes. Pero miren por donde, todavía le quedaban sus vestigios de “creatividad”: tras meterles a las autoridades su buena "trola" –para variar- , se libró de la cárcel con una sanción económica y un lustro en libertad vigilada.

Modificado por última vez en 16/02/2017

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